Invita a pensar la identidad y la pluralidad de América Latina desde la filosofía
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Invita a pensar la identidad y la pluralidad de América Latina desde la filosofía
A partir de las obras de O'Gorman, Homero y Virgilio, Anderson Pedroso, presidente de la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe y rector de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro, reflexionó sobre la identidad y la pluralidad latinoamericanas, y el papel de la universidad en la construcción de espacios de diálogo.
Diana Alonso
El ITESO fue sede del “II Congreso Internacional de Filosofía: Entre identidad y pluralidad. Filosofía, universidad y cristianismo en América Latina”, un encuentro que reunió académicos y representantes de universidades católicas para reflexionar sobre los desafíos culturales, sociales y políticos que enfrenta la región. El congreso forma parte del proyecto internacional que desde 2024 busca construir una red de investigación y diálogo que permita pensar críticamente el papel de la filosofía en las universidades y en Latinoamérica.
Durante la inauguración estuvieron presentes Alexander Zatyrka, rector del ITESO; Manuel González Villaseñor, obispo auxiliar de Guadalajara, en representación del cardenal José Francisco Robles Ortega; Francisco Ramírez Yáñez, presidente de la Federación Internacional de Universidades Católicas (FIUC) y rector de la Univa; Anderson Antonio Pedroso, presidente de la Organización de Universidades Católicas de América Latina y el Caribe (ODUCAL) y rector de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Río); Juan Pablo Romero, director del Departamento de Filosofía y Humanidades (DFyH) del ITESO, y Maximiliano Gastón Llanes, uno de los organizadores del encuentro y director de la Licenciatura en Filosofía en la Universidad Católica de Salta (Ucasal).
En un contexto marcado por la polarización, los conflictos globales y el debilitamiento del diálogo y la democracia, los participantes señalaron la necesidad de crear espacios en los que se pueda reconocer el valor de la diversidad en las sociedades. Para Zatyrka, el reto está en construir "un mosaico" donde culturas, tradiciones y disciplinas puedan encontrarse sin perder su singularidad.
González señaló que la creación de un encuentro como este no es una casualidad, pues las primeras universidades occidentales nacieron con la convicción de que la búsqueda de la verdad constituye también una búsqueda de Dios. "La fe y la razón no se oponen, sino que se necesitan", afirmó. En ese sentido, defendió el papel de la filosofía como una disciplina capaz de formular preguntas fundamentales en un tiempo caracterizado por la velocidad, la fragmentación y la incertidumbre.
La identidad en la obra de O'Gorman, Homero y Virgilio
No es sencillo impartir una conferencia magistral, mucho menos cuando comparte el mismo título del congreso que inaugura. Quizá por eso Pedroso aclaró que prefería entender su participación de otra manera. "Prefiero decir que vengo a inaugurar una conversación y a hacerlo, como acostumbro, a partir de una obra de arte”.
La ponencia comenzó con una imagen de la Biblioteca Central de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Pedroso proyectó la imagen de los mosaicos de piedra diseñados por Juan O'Gorman y propuso una metáfora para pensar la identidad latinoamericana. En sus cuatro fachadas, explicó, conviven el pasado prehispánico, la colonia, el México moderno y la universidad. Mundos distintos, incluso contradictorios, pero que permanecen juntos en la composición de la obra. "Cada pieza conserva su color, nada se funde, nada se mezcla en un gris común", señaló. La identidad, sostuvo, no es una realidad homogénea ni uniforme, sino una configuración donde múltiples diferencias encuentran una forma de coexistir.
Sin embargo esa configuración sólo puede apreciarse desde cierta distancia. Demasiado cerca, apenas se perciben piedras aisladas; demasiado lejos, las figuras se vuelven borrosas. Encontrar ese punto intermedio exige moverse, observar y cambiar de perspectiva. "Para mí esa distancia es la filosofía", dijo.
Tras las imágenes de la biblioteca, Pedroso abordó dos relatos clásicos: La Odisea, de Homero, y La Eneida, de Virgilio. Mientras Ulises intenta regresar al hogar después de la guerra de Troya, Eneas emprende una travesía distinta, puesto que su ciudad ya no existe. "Uno busca recuperar una identidad y otro necesita fundar una nueva", relacionó el presidente de la ODUCAL.
Pedroso se detuvo en la imagen de la escultura de Eneas, cincelada por Gian Lorenzo Bernini. En la escultura, el héroe carga sobre sus hombros a su padre Anquises mientras conduce de la mano a su hijo Ascanio. Para el Rector de la PUC-Río la imagen reúne pasado, presente y futuro en un mismo movimiento. Eneas transporta una memoria, una tradición y una promesa, aunque todavía desconoce la forma que tomará aquello que está por construirse.
De ahí surgió otra de las ideas centrales de la conferencia: “Para conservar algo, a veces es necesario permitir que se transforme”. Roma no es una réplica de Troya, sino que preserva parte de su herencia mientras incorpora elementos nuevos. La identidad, insistió, requiere simultáneamente memoria y cambio, continuidad y novedad.
Esa reflexión lo llevó nuevamente hacia América Latina. La historia del continente, señaló, es el resultado de encuentros, conflictos, resistencias, apropiaciones y creaciones que no pueden reducirse a una versión romántica del pasado. Más que una identidad terminada, Latinoamérica sigue siendo una configuración en construcción.
Una identidad abierta a la alteridad
La parte final de la conferencia giró alrededor de la alteridad, es decir, de la relación con aquello que es diferente. Para Pedroso, las identidades que se encierran sobre sí mismas pueden parecer fuertes, pero terminan debilitándose porque dejan de dialogar con lo que no controlan. "Una identidad completamente cerrada […] deja de crecer", afirmó.
Desde esa perspectiva, la filosofía aparece como una práctica capaz de tomar distancia y abrir espacios de escucha. En tiempos marcados por la polarización política, las migraciones, la desconfianza hacia las instituciones y el avance de discursos excluyentes, el ponente sugirió que muchas posturas radicalizadas nacen de experiencias de abandono o de voces que no se sintieron escuchadas dentro de los marcos comunes de convivencia.
Hacia el cierre, trasladó esa reflexión al ámbito universitario. Dijo que una universidad fiel a su vocación no puede limitarse a reproducir lo ya conocido. Su tarea consiste en crear condiciones para que distintas voces participen en la construcción de un mundo común.
"La catolicidad sería entonces, ante todo, una humildad de la inteligencia", afirmó. Una disposición que reconoce que ninguna cultura, disciplina o generación posee por sí sola toda la verdad y que, por ello, necesita dialogar con las demás.
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